lunes, 10 de enero de 2011

Epílogo De Libros


EPÍLOGO
  


Unos setenta escritores de Xalapa, Orizaba, Córdoba y la ciudad de Veracruz nos reunimos en Córdoba en el año 2000 para celebrar el inicio del siglo XXI. Vendimos libros y revistas. Leímos nuestros textos. Platicamos a la hora de la comida, de la cena, en el desayuno, al despedirnos. Entonces nadie imaginó que la primera década se iría llenando de mexicanos caídos en disputas sin sentido. Mientras la insensibilidad encuentra los por qué y los remedios, seguimos haciendo un refugio de libros que dicen más de lo aquí destacado.
La Colección Bicentenario-Centenario es un reconocimiento histórico a los autores veracruzanos. Hubo más libros, uno de entrevistas con gente dedicada al arte, de Jorge Alberto González, segundo volumen en el que recoge parte de su trabajo cotidiano como periodista; otro, de quien esto escribe, de comentarios sobre libros; ambos escritores deben al periódico Imagen de Veracruz la divulgación de un quehacer cada vez más activo en la ciudad de Veracruz, el arte, que revitaliza la cultura.
            La Colección Bicentenario-Centenario consta de más libros. Algunos no llegaron a nuestras manos y otros no tuvieron tiempo de aparecer. Conocimos a autores que andan por otros lados y que al pasar por la ciudad nos dieron sus libros con la emoción de ser los elegidos por el destino (así se dice cuando se desconocen el engranaje que le da vueltas a la vida). Algunos los tengo a mi lado como tarea pendiente.
            También hubo libros antológicos y de memorias de lecturas públicas: es imposible formarse una opinión con una pequeña parte de lo que firman los autores.
            Por último, diré que esta Colección es un nudo en una cuerda muy larga, que está amarrada al pasado, lo publicado antes, y que llega quién sabe a dónde, lo que falta por publicar, lo que se ha escrito ya entre diciembre de 2010 y enero de 2011, mientras cambiaban los encargados del gobierno estatal y de los gobiernos municipales.
            Son tiempos negros, pero la literatura es un alimento que no deja de cultivarse. Quienes creyeron que en el año 2000 se acabaría el mundo ya llegaron al año 2011. Todos sabemos que no debemos esperar que las convulsiones del mundo pasen sin tocarnos. Recomiendo que la gente guarde sus libros en bolsas de plástico y en cajas de acero inoxidable, para que haya qué leer aun cuando sólo queden unos pocos humanos que gusten dedicar su tiempo a esa actividad. Espero que nunca llegue el día en que veamos que fue útil hacer esta labor de salvamento anticipada.